
Hoy quiero hablar de uno de los musicales más minoritarios y a la vez más de culto de los años 80. Pennies from Heaven es un musical tan inteligente como atractivo. Se ha dicho de él que es un clásico del género, a pesar del año de su edición 1981. Y así es, dado que posee los ingredientes que conforman y delimitan las piezas de culto. Por otra parte, es una obra de construcción sencilla, nada complicada en su estructura conceptual, donde la realidad (siempre más oscura y tenebrosa que la fantasía) constituye la parte dramática del relato, en tanto que las secuencias musicales corresponden a los momentos de evasión del protagonista. Este tratamiento puede parecer a primera vista algo elemental y realmente lo es, pero la manera de combinar ambos mundos (las dos caras de una misma moneda) es la que otorga al trabajo de Herbert Ross la dimensión y categoría que posee.
Arthur Parker (Steve Martin), el héroe de la película o mejor su antihéroe, es un melancólico vendedor de canciones en el Chicago de 1934 año difícil de depresión económica, en el que el pobre hombre trata de vender inútilmente algo que la gente no tiene el menor interés en comprar. Intentando huir de la sombría realidad de su entorno, Arthur Parker recurre a la imaginación, gracias a la cual se transforma en Dick Powell, Fred Astaire o BIng Crosby y convierte su oscura existencia en un luminoso edén en que los bailes y las canciones de esos y otros artistas tienen la mágica virtud de allanarle una aproximación a la felicidad. Es evidente que Arthur Parker es un perdedor nato, casado con una mujer asexual seduce y abandona a una tímida maestra Bernadette Peters. El de Pennies from Heaven es, ciertamente, un tema sórdido y cruel. La ambientación, inspirada en la pintura de Edward Hopper, el artista que mejor captó el aislamiento del individuo en el mundo urbano, posee una extraordinaria calidad, a la vez que un enorme poder de seducción. Y lo mismo cabe decir de la música y la coreografía, con momentos tan fascinantes como el de la pareja que se transforma en Fred Astaire y Ginger Rogers bailando en Follow the Fleet (Sigamos la flota), mucho antes de que Woody Allen explotase el truco en La Rosa Purpura del Cairo. Pennies from Heaven es sin lugar a dudas la mejor película de Herbert Ross que tiene sus antecedentes en la serie de la televisión británica de Dennis Potter, uno de los escritores más distinguidos de la pequeña pantalla inglesa.
La película ha sido editada en DVD en Estados Unidos, esperamos que pronto se haga lo mismo en nuestro país para disfrute de todos aquellos que la descubren por primera vez.

1 comentarios:
Un día, a lo mejor, habrá una casa española dedicada a editar películas en formato doméstico con seriedad y calidad y podremos disfrutar de esta joya en versión original subtitulada.
La ví en el cine, doblada, y quedé alucinado.
Herbert Ross filma las escenas de baile estupendamente, apartándose y permitiendo al espectador disfrutar del espectáculo: nada de montajes sincopados: una delicia.
Ah: ya puestos, esa editora podría ofrecer la serie televisiva: son seis episodios de nada, protagonizados por Bob Hoskins, pero no existen subtítulos al castellano, resultando ¡inédita! Los ingleses que la vieron, aseguran que es fantástica.
Un abrazo.
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