4/28/2009

ALELUYA / HALLELUJAH





Se ha dicho de Hallelujah! que es la primera obra maestra del cine sonoro. También se ha asegurado que con Applause (Aplauso), realizada por Rouben Mamoulian el mismo año, es el primer intento serio de musical dramático. Ambas aseveraciones pueden ser validas porque la película, incluidas sus imperfecciones, reviste cualidades suficientes para destacar con holgura entre lo mejor de la producción de la época. Por otra parte, el hecho de ser la primera película interpretada totalmente por negros que se aproxima con cierto rigor a su mundo la convierte en una obra decididamente singular, incluso insólita si se tiene en cuenta que King Vidor logró hacerla gracias a invertir en la empresa su sueldo de director. Es probable que los pasajes musicales no estén suficientemente trabajados en relación con la historia que se cuenta, ya que frena la acción en parte y neutraliza de alguna manera su interés.

Se nota que Aleluya es el primer film sonoro de Vidor. Su proverbial sentido de la cohesión no alcanza aquí, obviamente, su cota más elevada. No obstante, a pesar del desequilibrio que comportó la experimentación con nuevos sistemas de rodaje, la obra resulta vidoriana al ciento por ciento, tanto por la temática que aborda, la intima correspondencia entre el éxtasis piadoso y la obsesión sexual, como por su tratamiento, con la transformación mediante el sonido, de aquella música silenciosa que tanto había preocupado a Vidor en tiempos del cine mudo. En una taberna, a donde acuden dos hermanos a vender su cosecha de algodón, una bailarina y su amigo dejan sin un céntimo a uno de los hermanos, que sucumbe con facilidad a los encantos de la chica, el otro que había entrado en el local en busca de su hermano, muere a consecuencia de la pelea que origina el incidente, lo que impulsa la conversión de este a predicador. Con este material dramático King Vidor compuso una obra tierna y vigorosa, a través de la cual pudo satisfacer su viejo deseo de llevar a la pantalla una historia de negros y únicamente con negros, a partir de la sorprendente facilidad con que se sustituye la violencia del deseo carnal por la obsesión religiosa y viceversa, Si toda la película rezuma musicalidad, incluso sin música, son algunas de sus secuencias, en concreto, las que le situaron en los dominios de la leyenda. La escena de la taberna, con la muerte de uno de los hermanos, el pasaje de bautizo en el rio, el sermón del predicador, desencadenante de una histeria colectiva y la magnífica y celebre persecución final a través del bosque pantanoso, envuelto en sombras, dominado por extraños sonidos, y patéticos silencios, son, con toda probabilidad, los momentos más relevantes de la película escogidas oficialmente de la Historia grande del Cine. Para completar la banda musical de la película, rica en espirituales y soberbias canciones de plantación, Irvin Berling compuso dos números “Waiting at the End of the Road”, que cantan los Dixie Jubilee Singers en la plaza del mercado, en espera que sea pesado el algodón, y “Swanee Shuffle”, en ambos se aprecia el talante popular de la música de Berlin. La película data del año 1929 y está editada por la multinacional Warner en Estados Unidos con subtítulos en castellano, en España permanece inédita en estos momentos.

1 comentarios:

pedro fernandez dijo...

Y ademas, maravilloso cartel.
Una obra grafica del ART DECO, digna de ser enmarcada.
¿De donde la has sacado?