



Morton Da Costa, incorpora las formas del musical a la historia que explica con una absoluta naturalidad. En este sentido, la secuencia del tren (Iowa Stub-born), amén de un prodigio de gracia y vivacidad, es un ejemplo que ilustra el concepto a la perfección. A través de la música se enlaza con el protagonista y su mundo de forma tan explícita que el número, por llamarlo de acuerdo con la terminología habitual, deja de ser postizo, pierde su carácter de añadido para integrarse en el relato como una pieza que le es necesaria para su total comprensión. Pero esta secuencia no es un mero accidente en el conjunto orquestado por Da Costa. La que le sigue poco después, aquella en que el falso profesor Hill alerta a los vecinos de River City sobre las desventajas morales que ha de reportar la instalación de un billar público, está observada desde el mismo punto de vista creativo. De ahí también la funcionalidad de esas escenas, magnificadas por una deslumbrante creación de Robert Preston. El trabajo de Morton Da Costa comporta efectivamente, al margen de un brillante espectáculo, una sabia integración del factor musical en el desarrollo de la trama. En su papel de vendedor de instrumentos, uniformes y lecciones de música, toda una propuesta de ilusión, Robert Preston está soberbio. No en vano interpreto la obra en Broadway por espacio de cuatro años, en 882 representaciones de las 2.700 que llegaron a darse en su totalidad. Si el del profesor Higgins (My Fair Lady) supuso para Rex Harrison el papel de su vida, lo mismo que el del rey de Siam para Yul Brynner (El Rey y Yo), otro tanto cabe decir del fantasioso Harold Hill en relación con Robert Preston. Su labor es ciertamente encomiable.
El desfile por las calles y plazas de River City de la banda juvenil interpretando “Seventy-six Trombones”, es uno de los momentos más espectaculares de la película, uno de esos instantes que el paso del tiempo no consigue borrar del todo.
La partitura de Meredith Willson es inspirada y vital, como la rutilante puesta en escena de Morton Da Costa, cineasta de solo tres títulos, que ya había montado “The Music Man” en el Majestic Theatre de Broadway, en donde se estreno en diciembre del año 1957. La sonrosada visión de la Iowa de fin de siglo propuesta por Wilson y Da Costa, aun sin incidir en el exaltado romanticismo de la opereta, es una pura delicia. La película permanece inédita en Dvd entre nosotros, no así en Usa donde está editada por la multinacional Warner con subtítulos en ingles, la editada en Brasil cuenta con subtítulos en castellano, la película data del año 1962 y cuenta entre sus intérpretes con Robert Preston y Shirley Jones entre otros.
El desfile por las calles y plazas de River City de la banda juvenil interpretando “Seventy-six Trombones”, es uno de los momentos más espectaculares de la película, uno de esos instantes que el paso del tiempo no consigue borrar del todo.
La partitura de Meredith Willson es inspirada y vital, como la rutilante puesta en escena de Morton Da Costa, cineasta de solo tres títulos, que ya había montado “The Music Man” en el Majestic Theatre de Broadway, en donde se estreno en diciembre del año 1957. La sonrosada visión de la Iowa de fin de siglo propuesta por Wilson y Da Costa, aun sin incidir en el exaltado romanticismo de la opereta, es una pura delicia. La película permanece inédita en Dvd entre nosotros, no así en Usa donde está editada por la multinacional Warner con subtítulos en ingles, la editada en Brasil cuenta con subtítulos en castellano, la película data del año 1962 y cuenta entre sus intérpretes con Robert Preston y Shirley Jones entre otros.

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